Y lo de los ojos marrones

Cierra los ojos. Imagina un mundo en el que de repente tener los ojos marrones es algo reprobable. Alguien con ojos azules, verdes o negros, decide que así debe ser porque tener los ojos marrones es fruto de una vida censurable. A partir de ahora tener ojos marrones es como una enfermedad contagiada de tus padres que por supuesto están en el ajo y son absolutamente culpables.

Los ojos marrones son encarcelados, torturados, vilipendiados, ridiculizados y marginados. Millones de personas alrededor del mundo sufrirán un escarnio público inimaginable y consentido por parte de los ojos azules, verdes, grises y negros.

Han nacido así pero resulta que a unos pocos lo inevitable de su existencia les molesta, les quema, les irrita y ante todo quieren que desaparezcan. Ellos, todo su ser, no vale. No son lo suficientemente buenos para existir.

Los ojos conflictivos se extraerán a fin de hacerlos desaparecer. Los expondrán a tratamientos y químicos para curar esa controvertida pigmentación. Y aún intentando hacerlos desaparecer, nunca dejarán de estar latentes. Latentes en su cara, en su cuerpo y en su corazón, como tampoco dejarán de engendrar el odio en los corazones de los ojos verdes, azules y negros.

Pero, y aunque no sirva de consuelo, no todos los ojos verdes, azules y negros están de acuerdo. Aunque es lo que siempre se les ha enseñado, a muchos de estos ojos les duele lo que les pase a los ojos marrones como si se lo estuviesen haciendo a ellos. Porque se dan cuenta que no son tan diferentes y que, además, podrían haber nacido con ellos.

Abro mis ojos marrones y yo que soy mujer, disfórica perdida y hormonal según el día tengo que dar gracias a la vida. Pero no de ser blanca, europea y hetero sino porque cada día abro los ojos y no siento odio en mi corazón.

 

 

 

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