Urban Solitude – Anouk

Por muchos años que pasen, por mucho que el mundo no pare de girar hay una cosa que no se ha movido ni un ápice: mi admiración por esta señora. Anouk Teeuwe y Urban Solitude han significado tanto en mi vida que podría decir sin ánimo de exagerar (bueno va, sólo un poquito) que una parte importante de la mujer que soy hoy en día se la debo a ella. Es mi cantante favorita sin lugar a dudas.

Corría el año 1999, internet todavía no había hecho su mella en la sociedad y todo era nuevo, puro y excitante. Yo era una inocente prepúber, empanada de la vida, que comenzaba a formar su criterio. Mis hermanos eran mis maestros en lares como la música, el cine o el pressing catch y yo que me alegro. Porque gracias a eso descubrí tantas y tantas cosas que tal vez por mí misma jamás habría descubierto. Una de ellas es que tengo una fuerza sobrehumana.

Mi hermano el mediano (no es un hobbit) se dedicaba a recorrerse las tiendas de discos más míticas y casposas de Valencia. Le llamó la atención la portada y vino un día con este álbum debajo del brazo como si de un hallazgo maravilloso se tratase. Y es que lo era. A Anouk no la conocían ni en su pueblo por aquel entonces.

Se me hace muy difícil describir la sensación de quitarle el plástico a un disco nuevo. A uno que sabes que es especial y raro, y esa sensación se ha quedado en mi recuerdo para siempre. Igual que cuando pasé esas páginas y descubrí a una mujer bellísima, con dientes de oro y mirada felina. Pensé: «Todavía no he escuchado tu voz y ya quiero ser como tú».

Cuando mis inocentes oídos percibieron el poderoso timbre de esa mujer hablando de amor y desamor con una naturalidad pasmosa, con esa personalidad arrolladora…no pude más que confirmar mi intuición y asumir que esa mujer había llegado a mi vida para quedarse. Y así ha sido.

Veinte años después me sigue haciendo sentir como el primer día. El mismo gusanillo y admiración por ella que entonces. Como si de un animal bello y extraño se tratase no puedo más que observarla y rendirme ante su salvajidad. Y es que ¿qué es el arte sino expresar lo que uno es y darle salida a lo que llevas dentro? ¿A quién se le ocurre plantarse unos dientes de oro cuando posees una belleza griega? No podía parar de fascinarme por esto. Pues a ella, sólo a ella.

 

 

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