Y lo del universo

En una de esas noches infinitas en las que a mi cabeza le da por funcionar a 100.000 revoluciones (en vez de a 50.000 que es lo habitual) me dio por pensar en mí. Pero no en mí como ser consciente, ni en mis tribulaciones, sino en mí como materia.

Comencé a reparar en mi pulso, sangre, piel y órganos. En que esta maquinaria perfectamente engrasada es lo que me separa de existir o no y que este universo en su infinitud me había hecho finita. Y es que somos levedad, como decía Manolo García.

En un accidente totalmente fortuito y aleatorio esa noche me encontraba ahí, igual que todas las noches e igual que todos los demás seres.

Siendo.

Respirando.

La vida de Pi – Yann Martell

No sé por qué tengo la manía de pensar que una novela que se haya llevado al cine y haya cosechado tal éxito como «La vida de Pi» tiene que ser por obligación una obra suprema. Pero es que, sinceramente, todavía no he tenido la desgracia de toparme  con ese libro que digas: «Pero, ¿qué bazofia es esta? ¿Han hecho una película de esta porquería? ¡Devuélvame mi dinero, oiga!».