Sorry we missed you – Ken Loach

Para introducirnos en materia partimos de una base muy sencilla y es que en esta vida lo que tienes es lo que vales. Punto. ¿Tienes un buen trabajo y ganas dinero? Eres mejor que el resto. ¿Eres un parado o tienes un trabajo de mierda? Entonces no vales NADA.  O eso es lo que nos han hecho creer. Pero, ¿cómo hemos llegado hasta aquí? Pues señores, no la hemos visto ni venir.

Nuestros cerebros pusilánimes han sido moldeados a lo largo de estas últimas décadas como la vasija de «Ghost» y para ello han utilizado la versión más atractiva de Patrick Swayze: el consumismo. Como si de un gotero se tratase, el modelo capitalista nos ha ido inoculando gota a gota una especie de anestesia que nos induce a un estado comatoso en el que no dejamos de soñar con poseer cosas. Por lo que acabas frustrado y esclavizado con tal de mantener la falsa sensación de que eres de clase alta porque «tienes»…

La jugada es maestra si la analizas. Antes, (modo yaya on) un trabajo te duraba una vida entera. Donde entrabas aprendías el oficio y te quedabas forever. La vida era sencilla y aun sin haber evolucionado en muchas cosas todavía y con las dificultades que habían, pienso que nuestros padres y abuelos vivían en ese aspecto más felices y con menos preocupaciones.

Ahora, este capitalismo voraz se ha comido a esa antigua clase media y nos ha dejado a los jóvenes (y no tan jóvenes) solos ante un coloso hambriento que necesita todo tu ser para funcionar y que a cambio sólo te dará migajas. Migajas que tú cogerás como si de un maná divino se tratase y aún darás gracias por que hayan pensado en ti como receptor de esas migajas.  Y cuando te das cuenta, tienes una hipoteca, tienes hijos que mantener y no tienes nada más que un trabajo precario. Lo que te convierte en pobre con todas las letras: P-O-B-R-E. Es entonces cuando te das cuenta de la trampa en la que has caído.

Bravo.

Ken Loach en «Sorry, we missed you» nos habla de esta precariedad como punto de partida, como el escenario en el que se fragua la tragedia. Ricky es un padre de familia que trabaja para una empresa de paquetería. En su condición de «falso autónomo» debe hacer jornadas de 12 a 14 horas para llevarse a casa un sueldo decente. Ricky intenta ser un buen trabajador, un buen padre y un buen esposo pero como es de esperar no le resulta nada fácil.  El director nos muestra aquí el concepto de trabajo y familia como dos ámbitos ampliamente relacionados. Porque ambos, son los espacios donde aprendemos a relacionarnos con la vida y donde aprendemos de política y relaciones humanas.

Ken Loach es un gran analista de nuestro tiempo. Lo ha demostrado durante toda su carrera pero en mi opinión mejora con los años. «Yo, Daniel Blake» junto con esta, forman un cóctel preparado exclusivamente para despertar conciencias. Su cine comprometido lleva por bandera enseñar la injusticia social de una forma magistral, contrarrestando siempre con el amor y las relaciones que surgen de la desgracia.

Si tengo que recomendarlo siempre aviso: Te va a poner de muy mala hostia, pero una mala hostia necesaria. Porque su cine siempre nos ayuda a despertar.

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