Plantando las bases

¿Por dónde empiezo?

Nunca me han gustado las etiquetas. Siempre he rechazado la necesidad que tienen las personas de catalogarlo todo. Y es que qué manía tiene el ser humano de tenerlo todo bajo su control. Definir, definir, definir = clasificar, clasificar, clasificar= juzgar, juzgar, juzgar.

Qué zapatos tan chulos…Ah, no…

Las palabras síndrome o trastorno me daban hasta escalofríos, ese era mi pensamiento hasta que me tocó a mí… Fue un alivio que me dijesen lo que me pasaba, no voy a mentir. Aunque sentirte trastornada no mola nada, saber que era algo fisiológico que de alguna manera afecta a mi mente, ayuda a poder abordarlo de otra manera.

Yo me siento superviviente cada día y pienso que es la sociedad la que también tiene que cambiar, no sólo yo. Entender que cada persona es diferente y respetar esas diferencias, sean mentales o físicas. Yo lo intento llevar bien, intento aceptarme, el problema viene cuando tienes un entorno que no te apoya, no te comprende o no te deja espacio cuando lo necesitas. Tus síntomas se agravan. Por eso desde aquí se intentará hacer lo máximo posible para estar bien uno mismo y para que los demás puedan entenderlo desde su perspectiva. Cómo la gente actúe con nosotros está fuera de nuestro control y eso es un hecho que debemos asumir, sin embargo, sí que podemos intentar enfocar esa mirada retorcida durante esos días y convertirla en algo mejor.

Este proyecto sirve de escaparate para todas aquellas personas que ni siquiera han oído hablar del TDPM. La manzana es un estilo de vida, el mío propio que puede ser el acompañamiento a cada mujer y su entorno. Y no solo para mujeres con este trastorno sino para cada persona que se sienta identificada y que le pueda servir de ayuda (disfóricas, depresivos, ansiosos, bipolares, borderlines…).

Morfeo

Creo recordar que el psicólogo Rafael Santandreu en uno de sus libros contaba que un paciente suyo había elegido la terapia de la incomodidad (igual no se llama así pero yo me la invento). El tipo en cuestión decidió hacer un retiro espiritual, budista. Allí meditaba, nada más. No tenía cama, dormía en el mismo suelo y además practicaba el desapego, es decir, no poseía nada de nada. Al principio lo pasó muy mal, durante días no pudo dormir, se quería morir. Imagínate, depresivo perdido, de tú a tú con tus miedos, pensamientos, sin ninguna distracción y te vas a dormir y no tienes ni cama. Pero todo es cuestión de perspectiva, tenía techo, comida, no le faltaba de nada en realidad. Lo demás son hábitos adquiridos pero superficiales, sólo es acostumbrarse. Ese hombre sostiene que encontró la felicidad plena allí.

El sueño es infinitamente importante y yo siempre he sido una pésima dormidora. Durante años he acumulado una cantidad de manías que yo misma considero absurdas  a la hora de dormir y que cuando estoy premenstrual me afectan el triple. A veces me pregunto, con una envidia no sana, de las malas: ¿Por qué ese desgraciado se duerme en el filo de un cuchillo y yo necesito que me acune un ave fénix para poder conciliar el sueño? ¿Es genético? ¿Qué tiene él que no tenga yo?

¿Cuántas ovejas eran?

Soy una persona absolutamente sensible, pero a un extremo enfermizo y esto me pasa en todos los sentidos. Me explico: la luz fuerte me molesta, los ruidos fuertes me causan espasmos muy locos y me dan la vuelta al corazón, los olores intensos me causan hasta angustia, las situaciones sociales incómodas (incluso viendo la televisión) me provocan una vergüenza ajena imposible de soportar, los sentimientos de los demás me afectan sobremanera… Mezcla todo esto y échate a dormir. Imposible, ya te lo digo yo.

El pijama debe ser perfecto, ni muy grande ni muy pequeño para que no baile y se gire; ni un pelo fuera de sitio porque se enganchan en todos lados; nada de sábanas ni mantas porque a la que te mueves se hacen un buruño y mi cerebro no lo soporta así que un nórdico y a correr. Cama con firmeza perfecta, almohada igual, tapones en los oídos y ni un ápice de luz como en un bunker de guerra.  Da ansiedad sólo de pensarlo, me hago cargo, pero es que para mi ir a dormir es como una guerra, te tumbas y se apoderan de ti todos los pensamientos más malignos que se puedan imaginar. Es como si tus inseguridades te siguiesen todo el día en silencio pero pegadas a ti. Mientras estás haciendo cosas y ocupas tu día las mantienes a raya, pero cuando te vas a dormir… ¡ay amiga! Ya se ocupan ellas de decirte lo mal que haces las cosas o por qué la vida te va así.

Hace años cogí la costumbre de dormir con el ordenador encendido viendo cualquier cosa que me distrajera, algo fácil que no me hiciera pensar porque mi mente nunca descansa. Cuando me daba cuenta de que me había dormido y tenía suficiente sueño apagaba todo y me ponía los tapones en los oídos. Millones de veces tenía que volver a encenderlo todo para poder volver a dormirme. No era vida…

Ahora duermo bastante mejor. Es cierto que cuando te pasa algo o tienes ansiedad lo primero que se ve afectado es el sueño pero en mi caso yo ¿qué hago? Leo. Leo muchísimo y ahora os explico por qué.

Sustituí el ordenador por libros.

Desde pequeñita he sido una gran lectora, devoraba cada libro que pasaba por mis manos. Cuando iba con mi madre a la carnicería siempre pasábamos primero por la biblioteca que estaba al lado. Cogíamos un libro chiquitín y mientras esperábamos entre vísceras y mortadelas de Popeye a que nos tocara el turno yo me leía mi librito más feliz que una perdiz. Inciso. ¿En qué se basan para decir que las perdices son felices? Me parece extraordinario basarse durante años y años en una afirmación sólo porque RIMA. Fin de inciso. Ella compraba y después nos íbamos a devolver el mini libro. Y entonces ya cogíamos uno rechulo, uno gordito, uno de leer de verdad.

Hubo un tiempo en el que como ya he explicado dejé de leer y sólo me dormía con el ruido de fondo de alguna película o serie, esto era devastador. Hay infinidad de estudios que demuestran que la luz artificial de las pantallas interfieren en los ritmos circadianos del sueño y no somos conscientes de lo importante que es un buen descanso y de las consecuencias que puede llegara tener para nuestra salud.

Leer supone un estado de calma y concentración impresionante. Reduce el estrés de forma drástica y a la vez es una distracción perfecta para el alma. En mi humilde opinión es una de esas cosas que nos debe acompañar toda la vida.

 

El rancho

¡Ay genética! (suspiro) Eres una perra mala, un demonio del averno y lo sabes.

Desde que era pequeña he visto a un primo mío comer flautas de pan a modo de bocadillos. Con su chorizo, su jamón, su todo. Y seguir siendo un palo. Comiendo a todas horas, repitiendo plato de lentejas con chorizo o de lo que fuese y con su pan por supuesto. Yo comía mucho menos, tenía saque también pero no de esa manera. No me gustaba el pan, nunca he comido bollería ni dulces. Me encantaba la comida sana y de cuchara, en mi casa no había fritos ni snacks. Nada. Y yo pensaba, pero ¿qué broma macabra es esta? Y yo no es que fuese gorda ni tuviese sobrepeso de pequeña, eso ya vino con el desarrollo femenino pero era evidente que mi constitución no era la suya y que si yo hubiera comido de esa forma con seis años habría sido un zurullo.

Soy de hueso ancho ¿vale?

Me hace gracia el típico flacucho, consumidor habitual de comida precocinada, que te suelta felizmente que el que está gordo es porque come mucho y no hace ejercicio (cosa que ese flacucho tampoco hace). Mire usted señor pizza, (de nombre sólocomo) le regalaré mi ADN durante un mesecito a ver cuánto le crecía el mini michelín que ya gasta.

Está demostrado científicamente, (y con esta frase mis argumentos se vuelven irrefutables), que la fórmula mágica del sobrepeso es mitad genética, mitad malos hábitos. Yo lo debo de tener todo. Mis malos hábitos no los considero tanto como eso. Me gusta comer de cuchara y me encanta la verdura. Nunca me ha gustado la carne demasiado, ni el fiambre ni ese tipo de cosas pero sí que es verdad que sólo como dos veces al día, un buen plato de lo que sea y claro, como llegas con hambre, comes más de lo que deberías.

Eso para mi metabolismo debe de ser una bomba de relojería. Pero lo que más ha afectado a mi peso estos últimos años son los episodios de ansiedad en los que el cuerpo te pide un tipo de alimentos, normalmente gorrinadas, hidratos a saco. Cosas que yo normalmente no comería porque no me atraen en absoluto, en ese momento babeo por ellas. Mi cerebro descansa, se siente feliz. Pero luego te sientes mal porque ves que vas engordando. Es un hecho, que el sobrepeso influye directamente en nuestras hormonas sexuales. Es evidente que los que no tenemos ese metabolismo mágico nos lo tenemos que currar el triple, no te puedes relajar, nunca.

Veggie style

Hace unos años decidí ser vegana. Siempre me han encantado los animales y fue bastante fácil porque me motivaba. Me informé mucho, consulté con una nutricionista y tiré para adelante sin complicaciones. Sin esfuerzo de ningún tipo, sin pasar hambre ni hacer ejercicio, simplemente sustituyendo la proteína animal por la vegetal bajé muchísimo de peso además de encontrarme genial de ánimo. Y es que verá usted, el ser humano de hoy en día (por mucho que digan) no necesita taaanta grasa animal. No recorremos kilómetros y kilómetros andando como hacían nuestros antepasados. Ellos no sabían cuándo volverían a comer, es lógico que se alimentasen de lo que cazaban, así conseguían sus reservas. Además aprovechaban cada centímetro de ese animal y le daban uso.

Ser vegano o vegetariano (o Romulano) no es tan difícil ni peligroso. Es una opción como cualquier otra. Simplemente es aprender a compensar, por ejemplo: tu cuerpo necesita X nutrientes para estar sano, si cambias la proteína animal por la vegetal necesitaras otro tipo de proporciones y probablemente añadir alimentos que ni siquiera sabías que existían y que sin embargo son mucho más saludables. A pesar de lo que crea la gente, que comas carne no te garantiza de buena salud y de una correcta alimentación, la prueba está en que en nuestra sociedad sedentaria, estamos todos enfermos, obesos perdidos, quien más y quien menos tiene kilos de más y enfermedades que no sabe de dónde le vienen. Porque no sabemos lo que comemos, cerramos los ojos, bandejas y bandejas de comida que se tiran cada día. Pero ¡qué más da! Está que te cagas de bueno. Nadie se cuestiona nada.

Todo el mundo, y es mi humilde opinión, debería por lo menos plantearse el reducir el consumo animal, padezca de enfermedades o no. Por muchas razones: la primera por ética, la segunda por salud, porque no sólo hablamos de un exceso de calorías, sino que encima, consumiendo animales indirectamente le añades a tu cuerpo química y medicamentos que no necesita, y la tercera, que no menos importante, porque el planeta está explotadito. Ordénelas como usted quiera, a mí me valieron así en su día.

No es un debate, cada uno hace lo que puede y quiere con su vida. Yo estuve dos años así y me fue genial, sanísima como una manzana oiga. Pero no contaba con este alien, ni sabía que existía, sólo sabía que durante x días al mes, intermitentemente necesitaba comida rápida, grasaza de la buena, de la que siempre he rechazado. Conforme los problemas se me iban acumulando con los años, mi ansiedad aumentaba y para saciarla no me servía el tofu con verduritas. Caí, fallé, engordé más de lo que había perdido y además moralmente me sentía fatal porque estaba faltando a mis principios. Mis síntomas se agravaban, perdí toda motivación y toqué fondo. No sólo toqué fondo, me revolqué en ese fondo cual cerdito en el barro.

Hola, ¿me ves?

El trastorno se me juntó con una depresión de caballo, añadida a la puñetera manía que tengo de no pedir nunca ayuda y no delegar en nadie. Acabé petando, ya nada me importaba, ni los animales, ni sus vidas ni la mía, sólo me quería morir y abandonar este mundo tan difícil para mí de entender. Este punto es peligrosísimo y si no sales de él estás perdido. Además, siempre lo diré, lo más complicado de ser vegetariano o vegano es la incomprensión y el poco respeto de la gente. Nunca he sentido menos esperanza en la raza humana que cuando decidí señalarme, levantar la cabecita e ir contra corriente. Es como si la vida me hubiese dado una bofetada de realidad y después me dijese: ¿Qué esperabas?

Imagínate, una persona que está mal, que le cuesta salir, relacionarse (aunque no lo parezca), a la que la vida le sobrepasa y además tiene que estar constantemente explicando su estilo de vida, por qué come o deja de comer y por qué lo siente así. Y  a mí me encantaba explicar lo que hacía, considero que es algo bueno pero a la gente no le interesaba lo que tengas que contar, la gente lo que quiere es juzgarte o reírse de ti, señalarte para decirte lo absurdo que es lo que estás haciendo o decirte: «¡Qué bueno está mi chuletón! Mira cómo me lo como…» Ese es el nivel.

Me he encontrado con todos y cada uno de ellos.

Ojo, no es todo el mundo, hubo también gente que me apoyaba y le parecía estupendo pero yo acabé muy harta de esos comentarios, de las faltas de respeto, de ser el centro de atención de todas las comidas cuando yo sólo quería vivir mi vida sin molestar a nadie. Te das cuenta de que a la gente el simple hecho de que tú hagas algo diferente les hace sentirse culpables, porque en el fondo saben que lo que estamos haciendo con los animales y el planeta no es correcto pero dar ese paso sería abrir los ojos cambiar tu (cómoda) vida de una forma radical y no mucha gente tiene esa capacidad.

Gracias a cierta parte de la sociedad, a la desinformación de algunos medios y gracias también a la ignorancia y al miedo a lo desconocido, los veganos han pasado a ser parias, místicos extremistas y locos sin fundamentos cuando sólo son personas sensibles y empáticas que se cuestionan la vida y no sólo pasan por ella.

En fin, estas cuestiones darían para un capítulo aparte pero el resumen es que quiero ser fuerte y volver a hacer poco a poco lo que realmente creo y considero que es mejor.

Mens insana in corpore gordito

Y digo yo, ¿a qué mente oscura y retorcida se le ocurriría inventar el ejercicio? ¿Qué problemas tuvo que tener en su infancia para idear semejante tortura? ¿Quería vengarse de la humanidad? Que sí, que tiene infinidad de beneficios, nadie lo niega, pero ¿no puede pasar que haya alguien que no esté hecho para ello?

Siempre he pensado que yo era una de esas personas y lo sigo pensando. Ya en el colegio, con mi incipiente pre-adolescencia, empecé a sospechar. Nos hacían las típicas pruebas (chorradas) como el test de Cooper, la milla, salto de potro, salto de altura, saltar vallas…saltar, saltar, saltar. Yo, retaco  y paticorta, (pero que conste que en plena forma oiga) me daba hostias por todas partes. La resistencia al correr no era lo mío, mi zancada no es la misma que la de otro que me saca una cabeza, eso es una realidad y además se me subía (sube) una especie de flato en el pecho que a día de hoy sigo pensando que son ataques al corazón aunque nadie me creía (cree). Me lo tengo que mirar.

Manolo, la niña…

Cuando había que saltar eso era un cuadro. ¿Pero nadie se da cuenta de que no me llegan las piernas?

Saltar vallas= te dejabas el parrús.

Saltar potro= te lo volvías a dejar.

Salto de altura= te dejabas el costado. Imposible saltar. Rompías la barra.

Moretones por todo el cuerpo. Al final como no dábamos para barras de hierro porque siempre la rompía alguien, a algún iluminado se le ocurrió poner una goma elástica. En resumen, que para cuando se dieron cuenta de esto, la cantidad de barras rotas, heridas y lágrimas eran incontables.

Sin embargo había cantidad de cosas que se me daban bien, de hecho, en lo que era buena siempre destacaba. Correr distancias cortas, lanzamiento de peso, flexibilidad…pero correr veinte minutos (que sé que no es nada) era insufrible para mí. Y lo de los saltitos ya…en serio profesores, no es necesario. Y no sabéis lo frustrado que se puede sentir un niño cuando ve que todo el mundo salta y él no. Volvemos a lo mismo, todos los niños recortados por el mismo patrón.

Y puedes pensar bueno, ahora ya eres adulta, nadie te obliga a hacer nada, puedes buscarte el ejercicio que más te motive. Pero, ¿y si no te motiva ninguno?

Andar: aburrido + bambollas en los pies (hace poco se me pudrió y cayó una uña, no es coña ¿por qué a mí?)

Nadar: mega aburrido.

Correr: infartos.

Bici: parrús dormido + hongos en el chuminar= no mola nada.

Clases de baile: ¡sí, me encanta! No, espera, no tienes dinero…

Porque no nos engañemos. El ejercicio cuesta. Cuesta un huevo. Y cuando una tiene sobrepeso, mover todos esos kilos de más se convierte en un esfuerzo sobrehumano. Esto sí que es un desastre.

El Oso Yoggie

He decidido empezar con el yoga. Absolutamente todo el mundo me lo ha recomendado como una estupenda forma de combatir la ansiedad y la vez estar en forma. Hay cantidad de vídeos en internet que te enseñan cómo meditar y qué ejercicios hacer. Sé que lo ideal es ir a un sitio especializado, un centro de yoga con profesionales pero por el momento va a ser así. Cada mañana me levantaré a la de oooooooommmmmm a ver qué pasa…

Senderos de gloria

Necesitamos un ejercicio cardiovascular que nos segregue endorfinas y active el metabolismo. He elegido andar. Sí, andar. Porque dentro de todos los que se me ofrecen creo que es el que tiene más beneficios y sólo una desventaja: en mi opinión es aburrido.  Pero he elegido andar aunque me cueste y ahora explicaré por qué.

En una de las tantas veces que me he apuntado al gimnasio, la entrenadora me dijo que cuando uno tiene un sobrepeso considerable no es recomendable ponerse a hacer locuras al estilo de los programas de televisión típicos en el que aparece una persona de ciento veinte quilos a la que le someten a un entrenamiento poco menos que militar. Viéndolo desde una visión de lógica y con nuestro raciocinio (que para algo servirá) sólo puedes pensar que a esa persona le puede estallar la patata en cualquier momento. El médico del programa cuerpos embarazosos lo experimentó en sus no-carnes.

Ella  me explicó que poniéndote a correr como si no hubiera un mañana lo único que vas a conseguir es llevar un ritmo irregular de pulsaciones y de entrenamiento. No pierdes peso y te frustras. Cada persona, dependiendo de su edad y de sus kilos necesitará un ritmo y una intensidad diferentes. La gente se cree que corriendo mil kilómetros va a quemar más y más rápido, y lo hará, pero le costará más tiempo y más esfuerzo y conseguirá los mismos resultados que andando.

Además, correr es un deporte de impacto, por lo que si a eso le añades sobrepeso estarás haciendo sufrir tus articulaciones. Una marcha constante y rápida (no mirando escaparates) manteniendo las pulsaciones es igualmente efectiva. Esto es lo que me dijo ella y como me conviene (correr=infartos) yo me agarro a pies juntillas a ese argumento.

Contra el aburrimiento que conlleva he decidido:

  • Andar por un sitio bonito entre semana, algún parque o zona verde que me motive. Andar por la calle, además de ser engorroso porque te vas chocando con la gente, no es nada inspirador. (Contaminación, edificios feos…)
  • Buscar compañía. Esto no siempre es posible, la gente trabaja, tiene su vida pero si vas acompañado es evidente que el tiempo se te pasa volando.
  • Acompañarlo con música o un podcast. Si no tienes compañía, te pones musiqueta de la que más te gusta o algún podcast del género que más te guste y se te pasa el tiempo volando. Cada canción son cinco minutos menos, o más como lo quieras ver.
  • Los fines de semana senderismo. Buscar algún sitio no muy lejano. Irte solo, con tus amigos o con quien sea a andar por un sitio mágico…este punto yo lo considero el que más impacto puede tener tanto por dentro como por fuera.

Una terapia peligrosa

Toda la vida te han inculcado o hecho creer que el que va al psicólogo (que no psiquiatra) es porque está como una sepia. Entonces claro, lo pospones, lo alargas, no quieres ir. Porque te imaginas a ti mismo en un diván mirando al techo, soltando todos tus traumas y preguntando ¿qué me pasa doctor?, al más puro estilo Woody Allen. Y claro, te entra un mal rollo que te tira para atrás de inmediato. Pero analizándolo fríamente y pensando simplemente en tu entorno te das cuenta de que quien más y quien menos tiene problemas, miedos o ansiedades. Partiendo de la base que todos forjamos nuestra autoestima y confianza en nosotros mismos durante los primeros años de vida y que no hay padres perfectos ni familia perfecta ni entorno perfecto podemos llegar a la conclusión de que prácticamente el 90% de la población «está de psicólogo» como dice la expresión. Y más si padeces un trastorno como este, en el que tus neurotransmisores no trabajan bien durante x días al mes. Todos los santos (putos) meses hasta que te llegue la menopausia, que por lo que sé tampoco es un camino de rosas…¡ay mamá! que Dios nos pille confesaos y arreglaos porque necesitas ayuda, y mucha, para encarar eso durante el resto de tu vida. Así que vergüenzas fuera, el primer paso es saber decir pues oye, no tengo ni idea de cómo afrontar esto, necesito alguien que me ayude, que me de unas pautas para manejar esos problemas que ya tenía y que no se conviertan en algo mucho peor durante ese tiempo.

This is the end (my only friend)

Hasta aquí mi plan. No está confeccionado a la ligera, es fruto de leer mucha, pero que mucha información que dejaré aquí, estudios, artículos médicos e investigaciones relacionadas y consultar con especialistas. Mi objetivo es superar este trago sin medicamentos y sin intervenciones de ningún tipo. No sé si lo conseguiré, pero si me he abierto las carnes de esta manera, es sólo y únicamente por ese motivo. Hay quien lleva un diario, este va a ser el mío. Público, con todo lo que eso significa y viniendo de mí, una persona totalmente recelosa de su intimidad.

Hay una táctica, que la gente utiliza para adelgazar normalmente, que es buscarte un cómplice. Una persona que lleve el seguimiento de tu peso y así a la hora de comerte un dulce o cualquier cosa que sepas que no debes comer te lo piensas dos veces porque sabes que esa persona está detrás. El simple hecho de no querer decepcionarla y que te puedan sacar los colores lo considero una gran forma de motivarte a no fallar. Bueno pues, yo he decidido que todos y cada uno de vosotros que, si por casualidad me leéis,  seáis mis cómplices, mi motivación. Menuda presión. Comenzamos.

 

 

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