Paris y sus mujeres

Un día en el monte Olimpo, durante la celebración de la boda entre Tetis y Peleo (con esos nombres ya se adivinaba la tragedia), Eris, la diosa de la Discordia, decidió que se encargaría de fastidiarla, para pasar la tarde. Se presentó allí sin invitación ni nada, con un par, y lanzó una manzana de oro en medio de los invitados. La manzana sería para la diosa más bella y el puesto se lo disputaban Hera, Atenea y Afrodita.

Días de vino y Filmin

Arte. Sí, arte. Con mayúsculas. Terminar de ver una buena película y decir: ¿qué acaba de pasar? Ah sí, que mi vida ha cambiado para siempre.

Sé que suena exagerado, pero los cinéfilos lo entenderán. Impregnarte de una buena historia, meterte de lleno en la vida de esos personajes como si fuese la tuya. Sentirte identificado, feliz o desgraciado. Películas que te marcan para siempre como si fuesen tu vida, tu misma vida. Y después acordarte de ellas con alguna tontería de tu día a día. Te descubres a ti misma siendo una de esas personas que en cualquier situación social siempre suelta: « ¡como en tal película cuando…!» o « ¡como en los Simpson  cuando Homer…!»

Dos días, una noche –  Jean-Pierre Dardenne y Luc Dardenne

Marion Cotillard es una auténtica maestra en lo suyo. Un Oscar, un César e infinidad de nominaciones la avalan. Inciso, ¿por qué los premios (casi) siempre tienen nombres de hombre y los huracanes de mujer? Fin de inciso. Además cuenta con ese rostro frágil y esa mirada que te cala hasta los huesos. Aaaah, (suspiro) qué mirada madmuasel… Sabe explotar sus cualidades y aquí lo borda como siempre.

Ni de Eva ni de Adán – Amelie Nothomb

El librito que nos ocupa vino a mí hace unos años de casualidad. Estaba en clase de japonés, entre hiraganas y katakanas cuando mi compañero más veterano nos contó que se había comprado un libro que le había dejado tan maravillado que se lo había leído unas cuatro veces en una semana. Preguntó si alguien lo quería, que él nos lo prestaba. Nadie lo quiso, no sé si por vergüenza o porque pasaban del tema (libros, puagh) pero yo dije: ¡pa’ mí! Mi profesora me dijo que nunca se me olvidaría esa autora y así ha sido.