En la ciudad sin límites – Antonio Hernández

Leyendo algunas críticas de esta película me da por pensar que hemos perdido un poco la capacidad de sentir los detalles, de apreciar la belleza y de observar lo que se nos está queriendo mostrar. Si has perdido el don de la espera, de saber degustar las mieles de Capra, de dejarte llevar por un sueño que te conduzca a viajar; si has dejado de sentir el amor, la fraternidad entonces seguramente esta cinta no te llegue en absoluto.

Creo que es de la relaciones padre-hijo más bonitas que he visto en el cine. Y no es de extrañar porque estamos hablando de Fernando Fernán Gómez, alias « ¡A la mierda!» y Leonardo Sbaraglia, alias «Estoy cañón y lo sé». Ambos hacen un tándem perfecto a la hora de llevarte por el viaje misterioso que es la vida de Max, un empresario de éxito que ahora en su vejez se debate entre la vida y la muerte a causa de un tumor. Su hijo se tendrá que enfrentar a algo más que a un viejo gruñón, rebelde y cabezón.

Fernando Fernán Gómez hace un trabajo espectacular como no podía ser de otra manera pero los dos actores hacen un trabajo fantástico. Si tengo que ponerle alguna pega es la música. No digo que sea mala, ni que no tenga calidad es que a mi parecer está mal emplastada. Música muy dinámica en momentos tranquilos o meterla con calzador cuando lo que pide la escena es silencio. La banda sonora debe acompañar, a ratos ser imperceptible y a ratos épica y en esta ocasión a mí me ha sacado de situación. Esto ya es manía mía, probablemente si no lo hubiera dicho ni os hubieseis dado cuenta ni importancia (perdón por eso). Pero igualmente es una muy buena película que te mantendrá enganchado hasta el final.

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