El oscuro pasajero

– ¿Has traído tu lista de miedos?

– Sí, la tengo aquí.

– Léemela.

– Tengo miedo a lo desconocido, miedo a lo cotidiano y miedo a fracasar.

-Vale. Ahora enumérame los miedos que no tienes y que crees que la mayoría de la gente sí tiene.

– No tengo miedo a ser diferente, ni a la muerte, ni a que me ataquen en mitad de la noche en mi casa, ni a que me roben, ni tengo fobias de ningún tipo.

– Genial, ¿te has dado cuenta?

– ¿De qué?

– De que tienes una suerte inmensa. Piensa en los miedos de tu lista. Miedo a lo desconocido, a lo cotidiano y a fracasar. ¿Te das cuenta de que tener miedo a lo desconocido y también a lo cotidiano es una incongruencia?

-Sí.

-Explícate.

-Me da miedo que dentro de la rutina de cada día tenga que hacer algo desconocido para mí que me pille en bragas emocionales.

-Es decir, te encanta tener el mundo en tus manos ¿a que sí?

-Sí.

-Pero en el fondo sabes que las cosas no son siempre así, que pueden cambiar sin que tú lo hayas planeado y te da terror que eso te rompa los esquemas que ya te habías montado.

– Exacto.

-Podemos añadir el miedo a fracasar aquí, ya que va implícito. Es el final que no deseas que ocurra y lo que más miedo te da. Si no emprendes nada nuevo ni desconocido evidentemente nunca fracasarás.

-Puede ser.

– Imagínate en tu casa, sola, que es cuando más segura te sientes. ¿Te puede pasar algo inesperado?

-Sí.

-¿Como qué?

-Pues como que venga alguna persona conocida a visitarme a la que no he invitado o que no sabía que iba a venir.

-Ya, ¿y algo más grave?

-No sé, ¿que venga acompañado?

-No mujer, algo realmente grave. Como que se te caiga el techo encima y te mueras o que venga una banda de albanokosovares a tu casa en mitad de la noche a robarte y te acaricien con la pistola mientras te dicen que tienes una «carrra prrresiosa».

-Pues la verdad es que me da más miedo lo otro.

-¿Por qué?

-Porque ¿qué probabilidades hay de que me pase algo así? Muy pocas, ni lo pienso, ni se me pasa por la cabeza y total sería una vez en mi vida, un día. En cambio existe una probabilidad muy alta de que cada día me pueda visitar alguien.

-Ajam. Vale, hay menos probabilidad, pero ¿no es más dramático lo otro? Podrías morir de una forma terrible.

-Es cierto, pero el tener ese miedo cada día, un día detrás del otro lo convierte en una cosa enorme. Si sumas cada día de vivir con ese miedo da como resultado algo grande. Tan grande como que te asalten en mitad de la noche.

-Está bien, no lo había visto así.

– …

-Enfócalo de esta manera. Si hablamos del miedo más universal que existe. ¿Puedes controlar la muerte? ¿Crees que es racional tenerle miedo?

– Sí, porque es algo inevitable y por lo que todos vamos a pasar.

-¿Por qué tú no le temes?

– Porque me da más miedo la vida, el sufrimiento de cada día, la lucha, el dolor consciente. La muerte para mí es como algo romántico. Dormir y no despertar parece un regalo.

-Ahora eres consciente de la suerte de la que hablábamos antes ¿no? La muerte es imposible de superar, el miedo a ella sí. Una persona que tiene miedo a la muerte tiene que lidiar con ella en sí, con algo que no puede controlar, porque es el fin de todos y cada uno de nosotros, y luego además de asumirla tiene que olvidarse de ella para poder disfrutar de la vida. Sin embargo tú ya llevas, sin saberlo, la mitad del camino superado porque tus miedos se basan en algo tuyo, el noventa por ciento de tus problemas son tus propias pajas mentales fruto de tu auto exigencia, el diez por ciento son problemas reales y eres consciente de ello.

Podemos atajar aquí hacia el miedo a las personas. Gran parte de él se debe al hecho de que no quieres decepcionar, te machacas y castigas porque quieres ser una mujer perfecta, a la que vean fuerte y además agrades a absolutamente todo el mundo. Déjame decirte, querida, que eso es imposible. Nunca llueve a gusto de todos, siempre vas a hacer las cosas mal para alguien, siempre va a existir esa persona que te critique tu forma de hacer las cosas; y además puede que lo haga sin que tú se lo pidas, invadirá tu intimidad y te destrozará el día. Que invada tu intimidad no lo vas a poder evitar porque capullos hay más que caracoles en un día de lluvia, pero que te destroce el día sí. No existe cosa menos práctica y en la que gastemos más energía que en ser perfectos.

Lo que tú llamas fracaso depende de ti y el tenerle miedo también, es un topicazo pero es así. Puedes hacer dos cosas para superarlo, esforzarte para conseguir lo que quieres y lograrlo o bien cambiar la perspectiva a la hora de asumir que aunque te has esforzado al máximo no lo has conseguido. ¿Qué elijes?

-Elijo las dos cosas.

– Me lo suponía…

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