Avena

A mí me cuesta una barbaridad desayunar, qué le vamos a hacer, eso de levantarme y con la legaña puesta endiñarme entre pecho y espalda un vaso de leche con galletas me es imposible. Mi madre y yo teníamos un tira y afloja acojonante con el puñetero desayuno, de verdad, parece una tontería pero para mí era un verdadero infierno hasta el punto de que lo vomitaba. Y ni siquiera aunque me haya cenado un cacho de apio el día anterior, nada, no hay manera, no tengo hambre por las mañanas, lo siento, soy un monstruo… ¡no me mires!

Soul Kitchen

Cocinar puede resultar terapéutico para muchos y un grano en el culo para otros. ¿Por qué pasa esto? Hablo desde mi experiencia personal y tengo comprobadísimo que cuanto más aprecias los alimentos y el buen comer más te gusta cocinar. No sé si tiene que ver con que el hacerlo cada día se convierte en una obligación, una cuestión educacional o también influye la situación personal de cada uno. Ejemplo 1: si en mi casa desde que era pequeña he visto cocinar y me he/han involucrado en ello lo más probable es que cuando crezca me guste hacerlo a mí, lo hago por costumbre. Pero si no me gusta cocinar y encima tengo que por obligación hacer cinco comidas al día para cinco personas es lógico que lo acabe odiando.

Aguacate

¿Es una fruta? ¿Es una verdura? ¿Es Superman? ¡No, es todo eso y mucho más! Soy una completa adicta, le echo aguacate a todo. ¡Que me detengan, no me arrepiento de nada! Ese color, ese sabor suave que lo hace tan versátil y esa textura…podría vivir de guacamole, en serio.