Paris y sus mujeres

Un día en el monte Olimpo, durante la celebración de la boda entre Tetis y Peleo (con esos nombres ya se adivinaba la tragedia), Eris, la diosa de la Discordia, decidió que se encargaría de fastidiarla, para pasar la tarde. Se presentó allí sin invitación ni nada, con un par, y lanzó una manzana de oro en medio de los invitados. La manzana sería para la diosa más bella y el puesto se lo disputaban Hera, Atenea y Afrodita.

Plantando las bases

¿Por dónde empiezo?

Nunca me han gustado las etiquetas. Siempre he rechazado la necesidad que tienen las personas de catalogarlo todo. Y es que qué manía tiene el ser humano de tenerlo todo bajo su control. Definir, definir, definir = clasificar, clasificar, clasificar= juzgar, juzgar, juzgar.

Qué zapatos tan chulos…Ah, no…

Las palabras síndrome o trastorno me daban hasta escalofríos, ese era mi pensamiento hasta que me tocó a mí… Fue un alivio que me dijesen lo que me pasaba, no voy a mentir. Aunque sentirte trastornada no mola nada, saber que era algo fisiológico que de alguna manera afecta a mi mente, ayuda a poder abordarlo de otra manera.