Period. End of sentence – Rayka Zehtabchi

A mí me bajó la regla a los nueve años. Sí hija sí, un pollito recién salido del cascarón y ya con ese marrón. Un marrón literal, porque yo se lo dije a mi madre al grito de: « ¡Mamá, que me he cagao’!» ya que aquello tenía un color muy raro.

Y yo no entendía nada, porque sólo tenía hermanos y nadie me había explicado nada. No había hecho nada para que me pasase y sin embargo allí estaba, con «eso» en las bragas mientras mi madre lloraba y me decía «ya eres mujer». A partir de ahí en mi casa, «eso» pasó a ser «la cosa». Estaba claro que algo muy bueno no era.

El secreto de sus ojos – Juan José Campanella

La verdad es que tengo siempre un dilema con las recomendaciones porque hay tantas películas, discos y libros interesantes que son tan míticos pero que, en mi opinión, están demasiado resobaos y por ello siempre acabo descartando muchísimas obras grandiosas. Luego pensándolo mejor no creo que sea justo ni para las personas que (viven en una cueva) no las han visto ni para la pobre película que es una joya como una olla. De vez en cuando no podré resistir volver años atrás y recrearme en obras maestras como esta, espero que no me lo tengáis en cuenta.

Castaway on the moon – Lee Hey-jun

El cine asiático es mi absoluto fetiche. Manta+ sofá+ thriller coreano= planazo perfecto. Y alguno pensará: «pues que rollo, pudiendo salir de fiesta». No te falta razón Flanders, no te sobra razón… ¡Pero y lo bonico que es! Sinceramente ya no disfruto de salir por ahí, con música a todo trapo que no puedes ni hablar y que además no te gusta, soportando a borrachos con ganas de liarla y niñatos que cegados cual miura sólo buscan la teta ajena porque todavía deberían de estar mamando de la de su madre.

La vida secreta de Walter Mitty – Ben Stiller

Benny no la líes…

Alguno dirá: ¿Ben Stiller? ¿Really? Pues sí, lo confieso, me encanta el humor absurdo y facilón. Comedias como Zoolander o Tropic Thunder me pueden, qué le vamos a hacer.  Es que sólo con ver la cara de Benny (como lo llamamos en casa) te desorinas porque el pobre siempre hace papeles de desgraciao. Todo le sale mal, es un perdedor, un luser, un fracaso total y eso nos encanta. La vena sádica que llevamos dentro aparece en todo su esplendor para hacer ¡HA, HA!

Días de vino y Filmin

Arte. Sí, arte. Con mayúsculas. Terminar de ver una buena película y decir: ¿qué acaba de pasar? Ah sí, que mi vida ha cambiado para siempre.

Sé que suena exagerado, pero los cinéfilos lo entenderán. Impregnarte de una buena historia, meterte de lleno en la vida de esos personajes como si fuese la tuya. Sentirte identificado, feliz o desgraciado. Películas que te marcan para siempre como si fuesen tu vida, tu misma vida. Y después acordarte de ellas con alguna tontería de tu día a día. Te descubres a ti misma siendo una de esas personas que en cualquier situación social siempre suelta: « ¡como en tal película cuando…!» o « ¡como en los Simpson  cuando Homer…!»