Captain Fantastic – Matt Ross

Cuando hablamos de sociedad en el más estricto sentido de la palabra siempre me evoca hacia la estructura de una máquina. Cada pieza es fundamental, todas son importantes para el correcto funcionamiento de esa máquina. Si una de esas piezas falla, por pequeña que sea, todo se desmoronará. «Captain Fantastic» nos lanza en la cara con maestría esas piezas a las que no hemos prestado atención. Sorpresa, nuestra máquina está rota.

Con una maestría soberbia la película nos muestra a un padre criando a sus hijos desde una perspectiva alejada de la sociedad. Lo que al principio nos parece una locura poco a poco nos parecerá la extravagancia más lúcida que podamos imaginar. Como en «La República» de Platón, ese padre junto a su mujer (que ahora está enferma) han creado una utopía en la que sus habitantes son súper hombres y súper mujeres. Despiertan con el alba para recorrer las montañas en un entrenamiento extremo, escalarlas y entrar en conexión con nuestra verdadera madre, la naturaleza. Leen sin parar, son autodidactas y tienen pensamiento crítico, se cuestionan todo lo que les rodea y son perfectamente autosuficientes.

En la ciudad sin límites – Antonio Hernández

Leyendo algunas críticas de esta película me da por pensar que hemos perdido un poco la capacidad de sentir los detalles, de apreciar la belleza y de observar lo que se nos está queriendo mostrar. Si has perdido el don de la espera, de saber degustar las mieles de Capra, de dejarte llevar por un sueño que te conduzca a viajar; si has dejado de sentir el amor, la fraternidad entonces seguramente esta cinta no te llegue en absoluto.

Creo que es de la relaciones padre-hijo más bonitas que he visto en el cine. Y no es de extrañar porque estamos hablando de Fernando Fernán Gómez, alias « ¡A la mierda!» y Leonardo Sbaraglia, alias «Estoy cañón y lo sé». Ambos hacen un tándem perfecto a la hora de llevarte por el viaje misterioso que es la vida de Max, un empresario de éxito que ahora en su vejez se debate entre la vida y la muerte a causa de un tumor. Su hijo se tendrá que enfrentar a algo más que a un viejo gruñón, rebelde y cabezón.

Capharnaüm – Nadine Labaki

Siempre he sostenido que no me parece normal que para llevar un coche te hagan tantas pruebas y que para dar VIDA cualquiera pueda hacerlo. Sin unas preguntas previas, sin un manual de instrucciones…así nos va. Como ya vimos en la infravalorada ‘Idiocracia’ las personas con mayor nivel económico e intelectual son las que menos hijos tienen o incluso dejan de tenerlos por todo lo que supone. De esto va Capharnaüm pero sólo en la superficie porque estamos ante una de las cintas más críticas con el género humano de los últimos tiempos. La fotografía, la música y los maravillosos actores hacen de esta cinta una de mis favoritas de este año. Imposible que te haga sentir indiferente y no te haga plantearte toda tu vida y lo afortunados que en realidad somos.

3 idiots – Rajkumar Hirani

No soy muy fan de los musicales pero es que esto va más allá de ser un musical. Bollywood, un elenco excepcional, Rajkumar Hirani y Aamir Khan han creado la combinación perfecta. Una cinta india llena sentimiento, amistad, valores, educación, filosofía y amor. Leí por ahí que es como la «Siddhartha» de Hermann Hesse  maquillada y de labios pintados. Qué filosófica estoy últimamente, no hay quien me aguante.

Locas de alegría – Paolo virzì

¿Sabes esas películas clásicas de una pareja cómica en la que uno es un amargado y el otro un tipo gracioso, afable y bastante loquito? ¿Sabes ese momento en el que esas dos personas que parecen tan diferentes en la superficie acaban conectando de una manera espiritual porque en el fondo los dos tienen el mismo objetivo? Pues esto es lo que vas a ver aquí, la clásica pareja pero con mujeres.

Me recordó inevitablemente a «Tais toi», aquella película de Jean Renó y Gerard Depardie en la que están en un psiquiátrico y Jean Renó es un delincuente que acaba allí y le toca de compañero de habitación un incombustible Gerard Depardie que no se calla ni debajo del agua. Ay Dios mío, las comedias francesas…